María comenzó a escribir memorias sobre su época pasada con la emperatriz y su vida en la corte. Mientras tanto, la casa imperial, consciente del potencial escándalo que sus memorias podrían ocasionar, le ofreció una considerable suma de dinero para impedir que publicara sus escritos. Con el estallido de la Primera Guerra Mundial, se vio en la necesidad de trabajar como enfermera al frente de la batalla. A pesar de sus esfuerzos por reconstruir su vida, la felicidad parecía eludirla. En 1924, contrajo matrimonio con el naturópata Guillermo H. Meyers, pero esta nueva unión tampoco trajo la paz y la tranquilidad que la condesa deseaba. Tras sufrir maltratos de parte de su esposo, huyó a Nueva Jersey y luego regresó a Alemania, donde murió el 4 de julio de 1940 en un asilo de ancianos y sin ningún tipo de fortuna, a los 82 años de edad. Su vida, marcada por el lujo, la tragedia y la soledad, es un recordatorio de la fragilidad de la fortuna y de la imposibilidad de escapar completamente de nuestro pasado.
María Luisa Mendel von Moennich también conocida como condesa María Luisa Larisch-Wallersee nació el 24 de febrero de 1858, fue hija ilegítima del bávaro Luis Guillermo, hermano mayor de la emperatriz Isabel de Austria, y de la actriz Enriqueta Mendel. A pesar de su origen, su belleza, inteligencia y sobre todo su habilidades ecuestres la llevaron a convertirse en una confidente cercana de su tía, la emperatriz Isabel de Austria, mejor conocida como Sissi. María Luisa ascendió rápidamente en la corte vienesa y su relación con Sissi era tan estrecha que se convirtió en una especie de sombra de la emperatriz. Ambas compartían una misma pasión por la equitación y un incomparable deseo de escapar de los rígidos protocolos de la corte. María Luisa ofrecía a Sisi una compañía que la emperatriz no encontraba en otros miembros de la familia imperial.
El 20 de octubre de 1877, en una ceremonia celebrada en el Palacio de Gödöllő, Hungría, María Luisa se unió en matrimonio con el conde Jorge Larisch de Moennich. Fruto de esta unión, nacieron cinco hijos: Francisco José, María Valeria, María Enriqueta, Jorge Enrique y Federico Carlos. Este matrimonio que la unía a un importante miembro de la corte, parecía sellar su ascenso social y ofrecerle una estabilidad a la que se había acostumbrado desde hace tiempo. Sin embargo, su papel en el trágico suceso de Mayerling fue lo que la ha marcado para siempre en la historia. Como confidente tanto del príncipe heredero Rodolfo, como de su amante, María Vetsera, María Luisa se convertió en el principal nexo de unión de ambos, fue ella misma quien facilitó los encuentros de aquél prohibido romance.
Después de la tragedia de Mayerling en 1889, la vida de la condesa cambió drásticamente. Acusada de ser cómplice en el suicidio de Rodolfo y María Vetsera, fue expulsada de la corte y se convirtió en una especie de paria social. Su reputación quedó manchada para siempre y se vio obligada a exiliarse a diferentes lugares a lo largo de su vida. La turbulenta vida de María Luisa continuó tras su divorcio del conde Jorge Larisch el 3 de diciembre de 1896. Apenas un año después, el 15 de mayo de 1897, contrajo matrimonio con el músico Otto Brucks en Munich. Esta nueva unión, lejos de traerle la paz anhelada, se vio ensombrecida por los problemas de alcoholismo de su esposo, un reconocido cantante de ópera cuya carrera se vio afectada a causa de la mala reputación que la condesa conservaba. A pesar de estos desafíos, en 1899 la pareja tuvo un hijo de nombre Otto.
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